A Casandra

No sé si sabes que tienes un tesoro de 3.5OO millones de años de antigüedad, y una cabeza de sueños en tecnicolor que no practica la vida plena- algunos denominan a este singular “lapsus”, instante perpetuo sin retorno-. Que vives un fragmento individual e indivisible dotado de calor y movimiento, sobre un tiempo medido que gira en nuestro interior

Antonio Zapata Pérez

La vida, querida Casandra, es tan corta, tiene tan poco recorrido, que debería representar en el asiento de la materia, unas bostezadoras y hasta eróticas vacaciones; y de vez en cuando currar, exactamente hasta la altura del pan. No lo dudes, los poetas siempre tienen la razón: ¿Acaso alguien siente más que un poeta? Sí, Casandra, somos un tren cuyas vías se van construyendo mientras respiramos y soltamos el dióxido de carbono. Un tramo corto es nuestro viaje, a veces fútil e inocuo, con su pirámide de fármacos, con su bocaza afilada de dientes, aguardando como un túnel húmedo para devorar el tiempo, que somos nosotros.

La vida, no lo olvides Casandra, sólo es un papel en blanco, que como el escritor de fondo, puedes convertir en una obra maestra o en un brebaje de letras indigerible; y aunque al final, todos vamos a la basura, por la vía del anélido o las cenizas, intentemos gozar ese prolongado instante, aunque la muerte sea la última en acariciarnos. El cielo mismo es un gran cenicero profundo de estrellas quemadas, un vasto cementerio de polvo. Al menos gratifiquemos la estancia, disolvamos juntos lo amargo y lo dulce y contribuyamos a que los sorbos sean más llevaderos si los compartimos. Dejemos de jugar a la economía y sus pueriles trampas. La vida ha de ser ancha para todos, si así lo discernimos la mayoría. Vacaciones, Casandra, es lo que necesitamos, que el tren sea una fiesta y no un camino triste hacia al campo santo. Si no somos felices ahora, jamás entenderemos por qué putearnos, es la norma y no la excepción.

Somos la única especie cuyos trabajos representan los más inútiles del planeta y los que más agreden su equilibrio natural. Te lo dije antes, la vida es tan corta, que si encima la desolamos con trabajos agotadores, la agobiamos y la explotamos para el placer ajeno, convertiremos el mundo en una cárcel redonda, con una ventana al cosmos; de veras, o en un escenario en guerra permanente. Ya lo es hoy en gran parte de esta “bola”. ¿Qué queda para el disfrute en este lugar único y fugaz? ¿Será la libélula Efímera, que sólo vive un día, más feliz que nosotros? Contémplala algún día Casandra, sobre algún riachuelo somero, no sostendrás su tiempo sin hacer nada, te lo puedo asegurar, sólo cuando lo consigas serás libre y habrás entendido que la vida debe acercarse más a lo natural que a lo artificial, estamos muy alejados de lo que hoy nos rodea: caucho, asfalto, estridencias, fábricas absurdas, redes electromagnéticas y contaminación de todo orden… por una pasta que acaban robándote con fino guante blanco.

El mar en otoño tiene un azul fuerte y transparente, amiga Casandra, podrías dejar las cajas de tomates en su sitio, todavía están verdes…y tú estás madurando sin apenas arrullos. La playa nos aguarda, aguarda nuestras vidas, no las de los otros, déjalos que pringuen y se sequen en las pinzas del tiempo. Nuestras vidas aguardan junto a las olas del mar, a ser vividas, antes de que la gran ola nos asole.

Imagen destacada: Josep Manel Sánchez

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