Venezuela está al borde de otra guerra civil

Facebook, Twitter, WhatshApp y Kik son los únicos canales de información que sustituyen a los censurados medios de comunicación del país

José Manuel Sanrodri

Venezuela vive uno de los peores momentos en su historia. Hace unos meses se iniciaron las primeras revueltas tras el golpe de estado del tribunal de justicia al parlamento. No obstante, las protestas y las manifestaciones ocurren desde el 2014. En agosto de 2016 pueblos indígenas, provenientes del Amazonas, marcharían hasta la capital para participar en una movilización opositora que tendría lugar el 1 de septiembre, reclamando un referendo que implicase acortar el mandato de Nicolás Maduro. El desencadenante de todo esto se encuentra en diciembre de 2015 cuando el parlamento, elegido por voto popular, no pudo ejercer sus funciones y se originó la destitución de los magistrados del tribunal supremo de justicia, asignando a otros jueces nombrados a dedo, por supuesto sin la aprobación de la asamblea nacional.

La inseguridad y el miedo por las muertes sin sentido que está ocurriendo en estos momentos en el país venezolano, se ponen de manifiesto cuando hablamos con dos ciudadanos indignados por esta situación. Ante la desconfianza de revelar sus nombres completos por temor a ser reprendidos, sólo mostraremos sus iniciales. Para A.A. la  destitución a los magistrados se hizo para inmiscuirse con las funciones del parlamento y así, el tribunal supremo de justicia interferiría con los miembros de la cámara al ser la autoridad mayor en leyes. Y es que el parlamento sin el TSJ no pueden legislar y, a su vez, éstos últimos no existirían sin el parlamento. Hugo Chávez tuvo más apoyo del pueblo que lo está teniendo Maduro, teniendo éste que negociar con la oposición.

Los enfrentamientos mas duros se producen en la capital y todo lo que ocurre se visualiza en las redes sociales. No se puede grabar ni hacer fotografías, ya que se corre el riesgo de que la policía requise el material, para que nunca lo vuelvas a ver y en ocasiones, pueden ser detenidos para que no se muestre o se difunda lo que se ha hecho. Las redes sociales ofrecen la única alternativa a la información, también se pueden encontrar noticias falsas, pero mucho de lo que llega a internet es de gente que está en el lugar donde están sucediendo los sucesos aportando otra visión al problema.

Armas para el pueblo

Las causas que pueden provocar una guerra civil en Venezuela se deben a muchos factores. Por una parte, se halla la fiscal general de la república que se ha posicionado a favor de la oposición que está en contra de la política de Nicolás Maduro. Otra de las causas es el centenar de muertos a manos de paramilitares del régimen y de los Cuerpos de Seguridad del Estado. Estas muertes, sin sentido, se producen durante todos los actos de protesta. Los policías y militares se emplean con contundencia disparando contra los manifestantes desarmados, utilizando bombas lacrimógenas, en su mayoría caducadas, además de los tanques que salen a la calle y que recientemente el gobierno compró una remesa a China.

Al desacuerdo de la política de Maduro hay que añadir el helicóptero que sobrevoló Caracas, cuyo artífice fue un inspector de la policía científica, con el objetivo de lanzar bombas sonoras contra el Ministerio de Justicia y el Tribunal Supremo. Previamente, habían emitido un comunicado en contra del régimen y la dimisión del presidente. Los acontecimientos se van produciendo paulatinamente, el 8 de julio soltaron al opositor Leopoldo López, tras la mediación del expresidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero. El domingo 16 de Julio hay convocado un plebiscito y lo preocupante es que se están distribuyendo armas sin que el gobierno lo sepa. La desobediencia civil en Venezuela es como una olla a presión que no tardará en estallar.

El gobierno a la suya

“El actual gobierno debió someter a consulta popular a la constituyente y no lo hizo”, así nos detalla A.A. su descontento con lo que está haciendo Maduro. Las empresas privadas peligran, ordenando el gobierno ocupar propiedades privadas. Los centros educativos se han convertido en lugares de adoctrinamiento socialista. Las manifestaciones previamente convocadas son disueltas por piquetes policiales, que emplean la violencia, obteniendo como respuesta el lanzamiento de piedras. Ambos bandos están en una particular guerra, si son los policías quienes detienen a manifestantes, les torturan tal como hacerles beber gasolina o meterles en vehículos policiales y lanzarles gases lacrimógenos, mientras cierran las puertas del furgón. Desde el bando ciudadano, la captura de un miembro de los cuerpos y seguridad del estado, supone torturas e intercambio con ciudadanos detenidos por la policía.

La inseguridad del país ha avivado el incremento de una delincuencia con armas de guerra y granadas de mano. Salir a la calle o quedarte en casa no evita que los delincuentes roben. Resistirse al robo o no tener nada de valor puede costarle la vida al ciudadano que se siente desprotegido y esto sucede a cualquier hora del día. El lugar donde actúan los rateros puede ser desde un autobús, hasta en el metro e inclusive se dan casos que son los mismos policías los que cometen el delito de robo.

Los militares de alto rango están metidos en el negocio del narcotráfico y esto ha originado que estén en las listas de la interpol. La impunidad que les otorga sus cargos les ha llevado a denominarse el Cartel de los Soles, y para el buen funcionamiento de su empresa no les importa matar a aquellos que les molesten. Los subordinados no tienen más remedios que cumplir las órdenes ya que si no es así, en el mejor de los casos, se pueden quedar sin trabajo. El salario de los policías, que no les da para alimentar a sus familias, influye para aceptar su cometido dentro de la organización criminal.

El hambre otro factor preocupante

Los asaltos a los supermercados, planificados todos ellos, comenzaron hace dos años donde hubo hasta muertes. Según nos cuenta E.R. ahora todos los establecimientos de suministros están custodiados mejor que un banco. A.A. nos detalla que estos saqueos están organizados por grupos simpatizantes del gobierno, aunque no lo asegura al cien por cien, nos puntualiza que “cuando se hacen estos asaltos lo perpetran delante de los cuerpos uniformados de seguridad sin que éstos muevan un dedo”.

También hay que aclarar que este tipo de organizaciones disponen de armamento más sofisticado que los que tienen los policías y militares que custodian estos sitios. Lo alarmante de todo esto es que la policía y los militares venezolanos que deberían velar por la seguridad del pueblo, cometen actos de secuestro, extorsión y reprimenda. La comida escasea y lo poco que llega importado vale una fortuna. Las colas en los supermercados a veces se hacen interminables, y todo ello sólo para comprar una bolsa de harina o maíz precocido.

El pan escasea, según cuenta A.A, y es que los controles estrictos en el tema de los precios ahogan la producción. Si el panadero compra un costal de harina a precio de dólar negro, se le obliga a vender el pan al precio que el gobierno le impone, con lo cual, asfixias al panadero. Las colas se hacen eternas para comprar dos barras de pan, teniendo que soportar el sol inclemente, ya que esas dos barras están al precio regulado. Otra curiosidad que comenta A.A. es que los menores de edad no pueden comprar pan, o al menos no se las venden.

 

La inflación ha quebrado la economía

El dólar negro es con lo que se maneja el pueblo, tanto para importar, como para vender o comprar. Aunque la moneda oficial es el bolívar, el dinero usado para importar son los dólares negros que al cambio son unos 8.100 bolívares. El salario mínimo está en unos 250.000 bolívares, que serían unos 30 dólares mensuales. Según nos detalla A.A. sería cobrar hoy, y mañana no tener con que pagar el metro. El ciudadano venezolano debe decidir que es lo mas importante en su vida, si comer, o vestirse, o abonar los servicios e incluso, determinar por pagar los estudios a sus hijos. La barra de pan cuesta unos 500 bolívares y si no se quiere hacer cola serían unos 2.000 bolívares. Las frutas, los vegetales o las hortalizas pueden costar una media de 150.000 bolívares. La carne o el pescado pueden oscilar entre 250.000 a 300.000 bolívares. El arroz, la pasta, las bolsas de harina o el azúcar llegarían a costar entre 8.000 a 10.000 bolívares. El atún en lata ronda entre los seis y siete mil bolívares por sólo una unidad. La cuestión está que “la gente no tiene tanto dinero para permitirse un carro de la compra en condiciones”,  describe E.R.

Imagen destacada y de interiores cedidas por A.A.

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