Creer en la magia

La magia es algo que te puede gustar o no, pero tiene un componente que todo ser humano debería tener en su interior, aunque sea solo un poco: ilusión. Algo intrínseco desde casi el nacimiento, pero que con los años se va diluyendo. La trampa de hacerse mayor

Marina Marcos

Hace ya varios meses fui invitada por un mago –o mentalista como le gusta más a él– a ver su espectáculo y me dejó unas reflexiones rondado por la cabeza que aún no había visto el momento de sentarme delante del ordenador a escribirlas. Pero ya llegó el momento.

La magia para mí es algo que me gusta, pero que tengo la sensación de que me debería gustar más. Cuando eres adulto eres plenamente consciente de que todo tiene truco pero ese niño interior que hay en ti, sin duda, quiere sorprenderse e ilusionarse con cada efecto o juego que se realiza delante de tus narices. Sí, quieres, pero muchas veces no puedes. Esa capacidad natural infantil con los años pasa a ser devorada por “la razón” y no permite que todo eso se disfrute al máximo. Y la verdad es que da un poco de pena.

Hacerse mayor implica muchas cosas: que de repente te veas haciendo la declaración de la renta sin tener ni idea de lo que estás haciendo, o que te tengas que plantear que hay que mirar todos y cada uno de los precios de las cosas porque si no, no se llega a fin de mes. Y dejamos de un lado la magia de la vida –nunca mejor dicho– para ser unas personas responsables. Sí, hay que tener responsabilidades, comportarse como verdaderos adultos, pero ojalá más a menudo sacásemos ese niño interior a pasear un ratito. Todos.

No es que sea una persona muy mayor, pero ya voy teniendo una edad y si miro hacia atrás, recuerdo cuando era una adolescente, e ilusamente, quería ser ya una persona adulta como la gente de mi entorno. No, no querría volver a ser una adolescente, ni de broma, pero nadie te prepara para ser mayor, nadie te dice que toda esa ilusión, candidez, o llámalo como quieras, se va perdiendo y que la pura realidad es mucho más dura de lo que esos mismos adultos te pintan. Te maquillan.

Pero por otro lado, creo que el círculo, el de la vida, sí se cierra de alguna manera. Me explico, volviendo a la raíz de la cuestión de esta entrada, que recuerdo que fue la asistencia a un espectáculo de magia, a mi madre sí la vi mucho más ilusionada que a mí misma. Cosa que me alegró mucho, lo que más. Y cada vez tengo más claro que cuanto mayor te haces, más “niño” eres. Porque llegados a cierto punto de la vida por qué no, las dos etapas vitales tienen mucho más en común de lo que parece. La vejez es algo que muchas veces la sociedad aparta a un lado, pero es una época también muy dura y no dice mucho de nosotros que no le hagamos todo el caso que se merece.

P.D. Niños y niñas, no crezcáis nunca, es una trampa.

Imagen destacada: Marina Marcos

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Un comentario en “Creer en la magia

  1. Qué reflexión más hermosa.
    Personalmente, disfruto mucho de todas las artes escénicas, la magia, el cine… Sin embargo, tu artículo me ha hecho darme cuenta de que no disfruto tanto de la vida diaria; justamente por lo que dices, las responsabilidades diarias me absorben.
    Leerte me ha hecho tomar conciencia de que hay belleza y magia pasando desapercibida constantemente a nuestro alrededor así que hagamos el “esfuerzo” de buscar más a menudo motivos de alegría.
    Gracias por inspirarme.

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