Unos Goya demasiado correctos, pero con talento

Pocas reivindicaciones, o mal ejecutadas, muchos premios técnicos para ‘Un monstruo viene a verme’, la espontaneidad de Anna Castillo, la consagración de Arévalo como director y la canción de Silvia Pérez fueron, para mí, lo más destacado de la gala

Llanos de la Rosa

Empezaré hablando de los premiados, que es lo importante, y después rajaré un poquito de la gala.

Ya sabemos que la mayor galardonada fue Un monstruo viene a verme, que no sólo se alzó con los premios técnicos, sino que consiguió también el de mejor director para J. Bayona. Para mí, una película bastante sobrevalorada y a la que eclipsaban el resto de nominadas. Pero fue la más taquillera y a nivel técnico estaba bien ejecutada. Eso es así.

Enhorabuena también a Emma Suárez por el doblete, aunque tampoco me parece que el de Julieta sea su mejor papel. Al menos no se lo llevó Penélope Cruz, es un consuelo.

Del resto de premios, absolutamente de acuerdo con que el debut de Raúl Arévalo fuese la mejor película y que el creador se alzase con el cabezón a mejor director novel. Esta vez no venció el dinero. Mi corazón estaba dividido en otra categoría. Antonio de la Torre bordaba el papel protagonista y siempre está en el ajo de las mejores películas, pero Roberto Álamo se sale en Que Dios nos perdone, donde también aparecía su “rival”. Finalmente se lo llevó Álamo y se lo dedicó a su “hermano” de la Torre. Donde no estuve tan de acuerdo fue en el de actor de reparto. Sí, Manolo Solo interpreta a un personaje complicado en Tarde para la ira, pero creo que el de Javier Pereira en Que Dios nos perdone era tremendamente más difícil, tanto física –perdió 17 kg- como psicológicamente –el actor reconoció que casi pierde la cabeza– .

También habría preferido que el premio al mejor director recayera sobre Rodrigo Sorogoyen, que al menos se le reconociera eso a Que Dios nos perdone –sí, ya veis que la de Bayona no me convenció nada-.

Del Goya de Honor, leí que Ana Belén aburría contando su vida. Pero a mí no me lo pareció, de eso se trata ese premio, el que va a toda una carrera, era lógico que ella quisiera mencionar a aquellos que le ayudaron a llegar donde está. Por cierto, su hija, Marina San José, fue la que más lágrimas derramó en la gala, representó la emoción de toda su familia.

Y, para mí, la mejor, la más natural, la más artista y la que más se merecía un Goya fue Anna Castillo. Fue de lo mejor de la gala, se salió de los clásicos agradecimientos y nos regaló toda la espontaneidad y gracia que necesitábamos.

Una gala sosa y sin política

Este año los galordanados decidieron no enfurecer a los cuñaos de turno y no darles motivos para tuitear eso de “No se debe mezclar cine con política”. En su lugar, me han enfadado un poco a mí. Yo soy partidaria de que sí se mezcle. La gala de los Goya me parece una buena plataforma para hacer reivindicaciones, ya sean del sector cultural o de otros aspectos sociales. Porque el cine no deja de ser un reflejo de la sociedad. Dani Rovira comenzó diciendo que iba a dedicar a los políticos el tiempo que estos dedican a la cultura, así que se limitó a nombrarlos. Y me pareció bien que no se pasara unos minutos haciéndoles bromas o alabándoles, pero no que después no se mencionara nada. El IVA sí estuvo presente. Mariano Barroso, vicepresidente de la Academia, detalló que con los impuestos a la industria, el Gobierno recauda más millones de euros de los que luego invierte en el cine.

Bonito me pareció el detalle de Silvia Pérez Cruz, que dedicó su Goya a la mejor canción original –de la película Cerca de tu casa a los desahuciados y lo hizo interpretando un fragmento de la composición. Sin duda, el momento más emocionante de toda la gala.

También hablaron  los creadores del corto Frágil equilibrio,  que al fin mostraron algo de demanda social pidiendo que se eliminen las vallas de las fronteras.

Me quejo de falta de reivindicaciones y cuando por fin parecía que llegaba una, fue vergonzosa. Dani Rovira se sentaba junto a Toni Acosta, Cristina Castaño y una María León que no sabía dónde meterse. ¿Por qué esto último? Quizá porque Rovira llevaba tacones y empezó a hablar de lo difícil que era llevarlos en bodas y galas durante más de unas horas para, acto seguido, recordar que se debe reivindicar el papel de la mujer en el cine en todos los ámbitos de este. El fondo era muy noble, pero no la ejecución. Enlazar que es difícil ser mujer por los tacones, con que deben aparecer más en el cine y ver a Dani Rovira andando como un pato mientras soltaba el discurso; me pareció una forma de tomarse a risa el asunto. Además, ¿si no llevas tacones ya no eres mujer ni es difícil tu vida? Ahí lo dejo.

De la gala en sí tampoco hay que decir mucho más, sosa como siempre, con un cúmulo de chistes malos que no sé si conseguirían hacer reír a alguien.

Este año, al menos, no abusaron mucho del musical y me pareció una grandísima idea que las melodías las interpretara en directo la banda sinfónica. Sobre todo me encantó lo de tocar parte de las bandas sonoras nominadas cuando se iba a entregar el galardón a mejor música original, que recayó para Un monstruo viene a verme.  Eso sí, para otra año mejor que se busquen un espacio más grande, porque los pobres músicos estaban apiñados. -A patir del minuto 2:40 puedes escuchar las interpretaciones de la banda-

Con esta gala, el cine español cierra la etapa del 2016 y abre la del 2017. Será complicado que este año supere en calidad al pasado. Gracias, gracias por regalarnos tantas maravillas. ¡Que viva el cine!

Imagen destacada: lainfomacion.com

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