Los adultos del futuro: Un poco de esperanza

Aunque hay días en que salgo desangelada de clase, existen otros en que lo hago sabiendo que no todo está perdido. Ésta es la historia de cómo creo que hay hueco para la ilusión en el futuro

Llanos de la Rosa

Hace un par de semanas os contaba mis desafortunadas conclusiones sobre el futuro que nos espera con los pensamientos que germinan en los adolescentes de hoy, los que mañana serán los que lleven las riendas. Pero, justo pocas clases después de publicar, comprobé que no todos tienen ideas radicales o siguen como borregos al que más se hace oír.

El pasado 25 de noviembre se conmemoraba el día internacional contra la violencia de género. Unos días antes, uno de los alumnos me preguntó qué se celebraba ese viernes. Tras explicárselo, el resto comenzó a mantener una especie de debate con temas relacionados. A uno de ellos le escuché decir algo como “¡Ah, sí! Las feministas son esas que dicen que las mujeres tienen que ser más que los hombres”. ¡No, otro cuñadismo no, por favor! Pero no me hizo falta rebatirle, como ya hice con aquel que soltó lo de “los moros”. Sería otro alumno, de su misma edad, quien lo haría: “Que nooo”- Parecía hasta indignado- “Que las feministas son las que quieren que haya igualdad, no ser más. Y no hace falta ser chica para serlo. Yo soy feminista y soy chico”. Me pilló tan de sorpresa, que casi me echo a llorar de la emoción.

Un chaval de 15 años dando lecciones a otro sobre qué es el feminismo. Lo que algunos adultos se niegan a comprender, lo que otros desprecian. Si casi un niño puede entenderlo y defenderlo, es que la humanidad puede avanzar en buena dirección. Pero claro, alguien tenía que chafar el sueño y soltar: “Pero también están las feminazis esas”, y esto lo dijo alguien de bachiller, con una supuesta madurez mayor. Yo estaba interviniendo poco en la disputa y no me hizo falta hacerlo, porque el “alumno feminista” no tardó en recordarle que esa palabra se usaba como algo peyorativo y que no se debía usar, que “eso lo hacían los que querían dejar mal al feminismo”.

Yo no sé si al resto esta lección les sirvió de algo, pero a mí me encantó que debatieran entre ellos y que lo hicieran sin gritos ni malos modos. Me gustó todavía más que fuese uno de ellos quien los sacara de su error. Y, más aún, que probablemente les hiciera reflexionar un poco.

Cuando le pregunté al alumno en cuestión que dónde había aprendido todo eso, si lo había oído en casa o de algún profesor o profesora, me dijo que no. Que simplemente a él le gustaba leer  y que, de todo lo que leía se iba quedando con lo que le gustaba, para después hablar de política, por ejemplo, con sus amigos.

Creo que en España –desconozco si en otros países se hace-, nos falta en las escuelas más debate. No hablo de adoctrinar, pero sí de guiar a los chavales para hacer lo que éste hace: leer, aprender y quedarse con aquello que más les convenza. Les hablamos de batallas, les enseñamos a hacer ecuaciones y a distinguir entre complementos directos e indirectos. Pero de poco sirve que sepan tanto de todo esto si después no son capaces de tomar y desechar información para formarse en la vida real. Porque no todos saben hacerlo por sí mismos. Debemos despertar las conciencias.

Mientras eso pasa, me alegra saber que algunos están más que despiertos ya.

Imagen destacada: beldurbarik.org

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2 comentarios en “Los adultos del futuro: Un poco de esperanza

  1. Me gusta que aportes lo de “en las casas”, porque, a veces, hablando con los padres me da la sensación de que la culpa siempre es de los profesores y que son estos los que tienen que enseñarles ciertos valores. Como comentábamos en otros comentarios, nosotros pasamos muy poco tiempo con ellos como para enseñarles todo lo que querríamos, más allá del currículum de la asignatura. Por eso, debe ser un trabajo conjunto de docentes, sociedad y familia. Lo de hacerles pensar, tenemos que conseguirlo entre todos.

    Lo cierto es que aunque lo malo siempre termine siendo lo reseñable, lo bueno también está presente. Y con eso deberíamos quedarnos, queda luz.

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  2. Justo esta mañana respondía a tu artículo anterior. Hay muchas cosas que deberían enseñarse en las escuelas (y en las casas) pero que no se enseñan. Creo que, al menos en parte, es porque no se está preparado.
    Para debatir hay que tener una serie de habilidades que no todos los adultos tienen. Moderar una clase no es fácil y lo sé por experiencia. Siempre hago pensar a mis alumnos, deducir, razonar… Y se quejan de que salen con dolor de cabeza y sin entender nada, que porqué no les digo lo que tienen que poner en el examen y ya está (palabras literales y repetidas a lo largo de los años).
    Me alegro que tu experiencia haya sido positiva, en cualquier grupo que escojas habrá cosas que nos llenen de esperanza y otras cosas que nos hundan. Hay que equilibrar la importancia que le damos a ambas.

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