El destino de Lucian

En la noche más oscura pueden ocurrir cosas inimaginables, partes de acontecimientos que vuelven para encajar en un rompecabezas

Jesús Martínez

Eran las 3 de la madrugada. Una noche cerrada en el bosque de Lickey Hills. Pocos coches circulaban en dirección a Birmingham. En la casa de los Jones reinaba el silencio más absoluto. Todos dormían menos Lucian, el niño de 9 años no podía conciliar el sueño. La cama estaba situada en la buhardilla; a su izquierda, una vieja mesita con una pequeña lámpara apagada; a la derecha, un armario entreabierto con un gran espejo; y justo a sus pies, un escritorio que daba a las escaleras de bajada.

No podía estar pasándole a él. El sonido volvía a escucharse debajo de su cama. Era como si algo acariciara frenéticamente la moqueta. Lucian no se atrevía a mirar, temblaba. La cosa no podía seguir así, llevaba una semana sin poder conciliar el sueño por culpa de ese desagradable ruido que sonada desde entrada la madrugada hasta el amanecer.

Tras media hora de lucha personal decidió que había llegado el momento de enfrentarse a lo que fuera. Descartó la idea de llamar a sus padres, ellos madrugaban mucho y se enfadarían si los despertaba por una tontería así. Tenía que conseguirlo por sí mismo. La lluvia empezó a golpear frenéticamente la ventana y sonó un trueno, la tormenta se acercaba desbocada.

Cogió fuerzas y poco a poco bajó la sábana que le protegía de todo lo que pudiera pasar. El ruido cesaba ligeramente con el movimiento del niño, como si esperara algo. Lucian se deslizó hasta el borde de la cama. Cerró los ojos, se asomó al hueco. El sonido paró, el niño los abrió.

Se atragantó al ver un pantalón verde y unos sucios deportivos blancos que desaparecían por el otro lado de la cama. El niño, alarmado, trató de incorporarse rápidamente para enfrentarse al intruso. No pudo, una mano lo agarró por la espalda con mucha fuera, le hacía daño. Su captor le dio la vuelta poco a poco, con horror pudo ver una camisa azul manchada de sangre, medio rota, y una cara sucia, melenuda y trastornada, la locura emanaba de sus ojos.

El intruso acercó su cara gris a Lucian, que temblaba casi con espasmos de terror.

-Pagaréis por lo que me hicisteis. Podríais haberme ayudado – dijo el individuo-. Te dolerá muchísimo, pero ambos podremos descansar tranquilos.

Alargó sus feas manos hasta el cuello del niño. Lucian trató de liberarse, intentó gritar, pero la presión llegó a su garganta, era muy fuerte. Sentía mucho dolor, se preguntaba qué estaba pasando. Se acordó de la tarde que había pasado con sus padres o aquel día que fueron a pasar el fin de semana a la montaña, el mejor recuerdo de su vida. La oscuridad fue creciendo igual que la presión de las manos, el latido de su corazón paró.

Se despertó gritando, sudaba, a su lado estaba su madre, Rosa, que trataba de calmarlo.

-Tranquilo, hijo, solo ha sido una pesadilla –dijo Rosa-. Vamos a desayunar o llegaremos tarde al colegio.

El apoyo de su madre y un buen desayuno con la familia ayudaron a que recuperara la tranquilidad, solo había sido un sueño. Acabaron con todo y recogieron la mesa. Su padre, Phil, lo llamó para ir al colegio, como todos los días. Subieron al todoterreno y salieron hacia Birmingham. Todavía era de noche.

Phil le preguntaba a Lucian cosas del colegio mientras conducía. De repente, algo salió del bosque, el coche lo embistió y arroyó unos cuantos metros. El padre frenó bruscamente y bajó corriendo del vehículo. Lucian vio cómo Phil se llevaba las manos a la cara, se frotaba la cabeza y miraba a ambos lados, estaba muy nervioso. Volvió corriendo.

-No mires a este lado -le dijo su padre refiriéndose a la izquierda-.

Arrancó y salió disparado. Lucian no pudo evitar mirar. Vio a un hombre tirado en el suelo que trataba de moverse con mucha dificultad. Llevaba una camisa azul, unos pantalones verdes y sucios deportivos de color blanco. El niño abrió mucho los ojos.

-Papá, tenemos q ue parar- le dijo Lucian a su padre.

Imagen destacada: Blog Buscando a Borja

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Un comentario en “El destino de Lucian

  1. No me suelen gustar las historias de miedo porque soy muy impresionable pero este final me ha gustado porque tiene “buen karma” por decirlo de algún modo. No es la típica historia de violencia sin mucho fundamento así que enhorabuena por el relato.

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