Orgullo, envidia y lástima

Si yo te dijera, estimado lector, el nombre de Rodrigo García, quizás no te suene de nada, pero algunos lo consideran el Da Vinci español y, lo más chulo de todo: dijo NO —como Pedro Sánchez— a una propuesta para trabajar en el equipo de diseño de Apple

Santiago Vilella

Sobre la vida y obra de este inventor madrileño de 31 años que actualmente reside en Londres, donde radica su empresa Skipping Rocks, escribió hace un par de fines de semana Jorge Benítez en PAPEL.

La gotella, una botella basada en la técnica masterchefística de la esferificación; una nube artificial que transporta, purifica y distribuye el agua allí donde se desee; un sistema con el que desplegar edificios de gran altura; o una maleta que sigue a su dueño gracias a una conexión bluetooth son solo algunas de las creaciones con las que ha ganado multitud de premios y, lo más importante, espera mejorar el mundo.

Ante esta historia me invaden tres sentimientos que son, precisamente, con los que he titulado esta pieza y a continuación paso a explicar.

Tras leer el artículo, durante unos instantes de ocio de los que pude disfrutar hace unos días, me embargó primero la sensación de orgullo de que un joven español esté gozando de tantos éxitos en unos momentos complicados. Orgullo porque un joven español esté intentando cambiar el mundo en muchos aspectos como la economía, la agricultura, o en el simple día a día. Orgullo al que, tengo que confesar, posteriormente le acompañó la envidia, sana en este caso, y que es tan propia de los españoles.

Finalmente llegó la lástima. Lástima por no poder radicar estas ideas en nuestro país, ya sea por dificultades burocráticas, faltas de apoyos o por tener que pagar hasta por respirar para montarte algo por tu cuenta. Lástima, y también rabia, por no por no poder devolver a la nación en la que te has formado aquello que has aprendido. Espero que esto se solucione pronto.

Imagen destacada: Maciej Siuda

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Un comentario en “Orgullo, envidia y lástima

  1. Había oído hablar de este inventor pero, sobre todo, por su no a Apple más que por sus méritos. Me encanta que se divulguen noticias inspiradoras y positivas (al menos en cierto modo) porque estoy saturada de que los medios nos inunden de desgracias y corrupción.
    Comparto tus sentimientos porque me hace sentir orgullosa compartir algo con una persona así, aunque sea algo tan etéreo como la nacionalidad. Sí que da rabia que no pueda cumplir sus sueños en España pero me da esperanza en nuestro propio futuro porque su formación y sus experiencias vienen de aquí, sin ellas no sería quién es ni conseguiría lo que consigue.
    Sólo nos falta, como apuntas, tener el suficiente sentido común de dejar de perder a los increíbles profesionales que formamos (tanto a nivel educativo como en todo lo que provee el ambiente que define a las personas) porque es lo único que nos separa del verdadero progreso.

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