Cuando unos pocos hacen un mucho

La isla de Irlanda se divide en dos países. Por curioso que parezca, parte de ella es una república independiente, mientras que el norte sigue anexionado a Reino Unido. Pero un porcentaje elevado, aunque insuficiente, desearía que no fuese así. Y esto es lo que yo he aprendido sobre ello

Llanos de la Rosa

El momento ha llegado. Hace cuatro meses, cuando llegué al Norte de Irlanda, comencé una serie de capítulos en los que hablaba de aspectos que me llamaban la atención sobre las costumbres o forma de ser de los locales. Hasta ahora, no había querido tocar el tema de la independencia, por parecerme muy delicado como para tratarlo a la ligera. Convivir con una familia católica –y por tanto independentista-, leer la prensa y algunas experiencias personales, me han hecho comprender que el tema está más latente de lo que pueda parecer y forjarme mis propias opiniones.

Desde que llegué no he dejado de oír comentarios despectivos hacia los británicos. Más en concreto, hacia los ingleses. La fama que tienen es de arrogantes y déspotas, creyéndose “los reyes del mundo”. A mí, me parecían reacciones muy exageradas, por ejemplo, el despreciar cualquier objeto con la bandera del país o no aceptar nombrar algunas calles porque tienen nombres de la realeza británica.

Tuve que viajar a Londres para vivir en un pequeño detalle, ese desprecio del que tanto me habían hablado. Yo trabajo en Irlanda del Norte, por lo que cobro en libras esterlinas, la misma moneda que funciona en el resto de Reino Unido que, recordemos, comprende a Inglaterra, Escocia, Galés e Irlanda del Norte. Por ello, no creí que debiera cambiar mi dinero. Y en principio no tuve ningún problema. Hasta que llegó un dependiente que no quiso aceptar el billete que le tendí. Le pregunté varias veces el por qué y él solo atinaba a decirme que porque no le estaba permitido. Yo únicamente quería conocer el motivo, porque no entendía nada. Llegué a pensar que se trataba de un billete falso.

Más tarde, comparando mi billete con los que llevaban mis amigos, llegamos a la conclusión de que la única diferencia era el lugar de expedición. El mío, pertenecía al banco norirlandés. Un par de veces más me vi en esta situación, aunque, tras comprobar que se trataba de una moneda en curso y legal, me lo aceptaron. No culpo a los dependientes, porque es lógico que no estén familiarizados con esa moneda. Pero sí me molesta que sus superiores o quien corresponda no les preparen para ello o no les permitan aceptarla. He viajado a otros lugares europeos y nunca he tenido problemas con mis euros por ser españoles, así que pensé que esta vez sería lo mismo.

Ya veo que los ingleses, quieren mantener la zona del Ulster anexionada, pero después no se molestan en conocerlos o, simplemente, les hacen feos de este tipo.

Una minoría muy mayoritaria

Explicar todo el conflicto irlandés con Reino Unido es complicado y largo, porque se remonta al siglo XII, cuando los cambro-normandos –lo que hoy llamaríamos ingleses- invadieron la isla de Irlanda e hicieron aparecer con ello a grupos independentistas. Si bien, la pugna moderna que todos conocemos –en el que se incluyen las acciones terroristas del IRA- dio comienzo en 1968 y se denominaríaThe Troubles (Los Problemas). Como consecuencia de esta “guerra” –denominada como tal por el gran número de bajas que se dieron durante los años de conflicto- parte de la isla obtuvo su independencia, aunque la zona del Ulster seguiría siendo parte del Reino Unido.

Y aquí es donde llega el meollo del asunto al que yo quería llegar. El Norte de Irlanda cuenta con un 42% de protestantes y un 41% de católicos -a lo que hay que sumar un 10% de no religiosos y un 7% que no sabe/no contesta-. Los católicos son partidarios de la independencia. Recordemos que en Reino Unido pertenecen a la iglesia anglicana protestante. Un lío, ¿verdad? Más si tenemos en cuenta que el porcentaje de partidarios de la independencia significa solo un punto menos de los que forman a los unionistas de la población de la zona. Una cifra muy alta que vive formando parte de un país en el que no cree. Como ya expliqué en otra entrada, en Irlanda abundan las iglesias y congregaciones de diferentes ramas del cristianismo, por lo que su religión se ve respetada.

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Porcentajes de las religiones en Irlanda del Norte

Sin embargo, cuando vives en la frontera –como yo este año- percibes como para ellos esto no es suficiente. En Belfast, la capital, he escuchado o visto mil veces alusiones a “nosotros, los británicos”, pero más al sur, lo único que te hace recordar que estás en Reino Unido es el uso de la libra y el nombre de las calles,  como ya he mencionado, casi todas relacionadas con la familia real y que, a buen seguro, muchos de los lugareños querrían cambiar.

Además, en mi zona abundan los carteles que llaman a la independencia o a la liberación de presos políticos –uno de estos últimos, en la carretera de entrada a Newry-. Tampoco aquí se celebra el Día de la Amapola, por ejemplo.

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Es frecuente encontrar pegatinas de este tipo en mi zona

Y, ¿yo qué pienso? En principio, no debería opinar nada, a mí ni me va ni me viene. Pero sí, me he forjado una opinión. Un referéndum no serviría de mucho, salvo para hacer conscientes a los británicos de que esos porcentajes existen, puesto que los católicos independentistas siguen en (una gran) minoría y la independencia no saldría adelante. Quizá se les podría conceder otros detalles como no tener que usar la bandera británica en las instituciones, si así no lo quieren, o cambiar el nombre de ciertos lugares. Eso que se me ocurra, porque ya vemos que lo de la moneda no sirve mucho. Y, a algunos esto os recordará al País Vasco o me preguntaréis que qué opino de Cataluña… Pero eso, es otro capítulo.

Imagen destacada: Soldados británicos en Dublín, tras la guerra aglo-irlandesa 

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2 comentarios en “Cuando unos pocos hacen un mucho

  1. Enhorabuena por haber sabido explicar de forma clara y objetiva un tema tan complicado y controvertido.
    Desde luego, cualquier convivencia sería más fácil si se mostrara un verdadero respeto en el amplio sentido. Por ejemplo, evitando detalles como el de no aceptar una moneda de curso legal. Lo que me lleva a preguntarme hasta qué punto un comercio puede rechazar una moneda/billete legítimo.
    ¿Has notado algún cambio después del referendum de Escocia?

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