De los primeros retos y la primera crisis

Tras un fin de semana de toma de contacto, llegó la primera semana de trabajo de verdad. Y con ella, la primera mezcla de sentimientos

Llanos de la Rosa

Los días de vacaciones se han acabado. Lo sé cuando cambio el primer pañal de la persona con la que más horas paso al cabo del día. Porque sí, la primera sorpresa es que Micheal todavía lo utiliza, aunque estamos en el camino para que deje de usarlo. Al principio me toca pelear con él, para que me deje cambiarle. Como para que me permita prepararle el desayuno, vestirle… le entiendo, todavía soy una desconocida en su vida. Pero poco a poco nos vamos haciendo amigos y consigo ganármelo –no sin la ayuda de los vídeos de Peppa Pig o canciones infantiles varias-. Como diría Isabel Grech del niño al que ella cuida –podéis leer sus aventuras también en este blog-, Micheal y yo somos como una especie de pareja. Estamos empezando: Nos divertimos juntos mientras nos vamos conociendo, hacemos planes, jugamos, cantamos, paseamos, comemos, hacemos recados, nos peleamos y nos reconciliamos con un abrazo. Empiezo a ser su referente, hasta que mami llega a casa, claro. Entonces la autoridad de Llanos se desvanece.

Quien empieza a tenerme un amor incondicional es Sean. Como me dijo una amiga, puede que le pase un poco como con esos profesores de prácticas que iban al colegio cuando éramos pequeños y de los que los niños se quedaban prendados. Sean fue el primero en darme un abrazo porque sí en Irlanda. El primero que me busca en cuanto vuelve del cole –aunque sepa que le espero para hacer sus odiados deberes-.Y el primero en interesarse de verdad por mi mayor pasión: el Alba. Juntos vimos el último partido y, aunque primero me preguntara si “ese equipo blanco” era el Real Madrid, después aprendió la mayoría de los nombres de mis jugadores favoritos –y de los no tan favoritos.-

Aoifa no me busca ni me necesita tanto, pero poco a poco vamos aprendiendo la una de la otra. Hemos hecho un trato para intercambiar conocimientos de nuestras lenguas maternas. También gracias a ella, estoy entrando en el “apasionante” mundo de los One Direction y otros ídolos de las preadolescentes actuales. Cuando ya ninguno me necesita cerca, aprovecho para pasear y seguir investigando.

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Warrenpoint al fondo, desde el parque Kilbroney

Mientras ellos se hacen a mí y yo a ellos, planeo mi primera escapada a Belfast. Antes de aterrizar, encontré un pequeño grupo de au pairs españoles que hacen quedadas ahí. No me pilla demasiado cerca, pero es lo más próximo que he encontrado –españoles o no, porque empiezo a pensar que por mi zona no hay gente joven-. Así que, en mi primer día libre me planto en la parada de autobús del pueblo y me voy hacia Newry para, más tarde, partir hacia Belfast. Un viaje que en coche sería menos de una hora y que a mí me lleva algo más de dos. Tengo miedo a perderme, a equivocarme de transbordo o de parada o a no saber moverme por allí -algo muy típico en mí-.

En el segundo autobús, pregunto al conductor si estoy en el lugar correcto. “Are you spanish?” Me pregunta. Pienso en lo malo que debe ser mi inglés para que me reconozca con la pregunta tan simple que he tenido que hacer. Se ríe y me explica que lo ha sabido porque su mujer es de Murcia. Todo esto en inglés, con lo que deduzco que no ha aprendido nada de español de ella. Al llegar a Belfast, el conductor se baja y me cuenta que lleva 20 años casado y entre bromas me dice, que igual soy yo la que pasado ese tiempo cuente a otra persona que vine solo para un año y me quedé para siempre. Sonrío y le respondo que quién sabe. Pero en realidad pienso que no, apenas llevo aquí una semana y ya sé que quiero que esto sea pasajero.

 

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Ayuntamiento de Belfast, mi punto de encuentro

Consigo llegar al punto de encuentro fácilmente. Hoy seremos solo tres: una chica de Sevilla y un chico de Murcia –iba de murcianos la cosa-. Pasamos el día caminando por la ciudad, descubriéndola. Pero, sobre todo, pasamos el día compartiendo nuestras experiencias: “Mis niños hacen esto y lo otro…” De ese día, me quedo con el museo Ulster y con el jardín botánico. Pero aún nos queda mucho que ver para próximos días.

En el viaje de vuelta a mi pueblo adoptivo, me da el primer ataque de morriña. Pienso en los fines de semana en casa, en las conversaciones con mi madre, en la comida de los domingos, el fútbol con mi padre o las quedadas con los amigos. Con ese pensamiento me levanto el domingo un poco ñoña y sintiéndome un poco sola. Mucha gente en la casa, pero todavía no lo suficiente cercana, tiempo al tiempo. Al final del día me toca hacer de niñera con los niños –sí, en mi supuesto día libre-. Pero son ellos los que me acaban levantando el ánimo con esas cosas típicas de quien todavía guarda la inocencia, para que vuelva a empezar la semana con ganas. Había superado mi primera semana.

 

Imagen destacada: Waterworks, uno de mis grandes descubrimientos.

PD. Prometo fotos de mejor calidad en las próximas entradas 😉

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2 comentarios en “De los primeros retos y la primera crisis

  1. ¡Me encantan las fotos y me encanta el artículo! La primera semana es la más difícil y la estás llevando muy bien así que en adelante seguro que todo va genial. Sólo te falta hablarme del host-father que a los demás ya los voy conociendo.
    Por cierto, me encanta que utilices mis comentarios para tus artículos. Me siento super especial ^^

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