Una periodista en Irlanda: Primeras sensaciones.

Mi casa en Killarney.

Tres y cuarto de la tarde. El vuelo sale con retraso. Miro a mi alrededor buscando caras con rasgos españoles. Los detecto. Me propongo dormir un poco. Cuando abro los ojos, miro por la ventana y bajo las nubes veo verde, mucho verde. Estaba en Irlanda.

Isabel Grech

Mientras caminaba hacia el lugar donde estaba mi maleta facturada de 20 kilos, me acerqué a los rostros españoles. Dos chicas, probablemente de la misma edad que yo, con la misma cara de susto que yo llevaba. Me contaron que eran amigas y que también iban a trabajar de Au pair, ambas en un mismo pueblo cercano a Cork. Les di mi número para seguir en contacto. Tres semanas después no sé nada de ellas.

Llegué a Irlanda a las cinco y media (hora irlandesa); y cuando llegué la familia me recibió (literalmente) con los brazos abiertos. Mark (de tres años) se escondía tras su madre y Naoise (de cinco) sostenía sonriente un cartel en el que ponía mi nombre acompañado de Elsa (Frozen) y muchos corazones. Al llegar al Audi que nos llevaría a casa, casi me subo en el lado del conductor: “¡No, no, recuerda, por el otro lado!”. Este error lo tuve varias veces la primera semana.

Por el camino paramos a cenar a un restaurante típico irlandés. Estaba realmente repleto de gente y las mesas eran muy pequeñas. Mi sensación no era de comodidad. Pero empeoró cuando yo me pedí un “fish and chips” y los padres una ensalada. ¿Había abusado de su dinero? ¿Quizás estaba cenando demasiadas calorías? ¿Qué había fallado en mi decisión a la hora de pedir a la camarera?

Restaurante irlandés.

Restaurante irlandés.

Cuando llegué a Killarney, el centro me pareció precioso, lleno de colores y de gente. Diez minutos después, tras una elevada pendiente entre árboles y matorrales, me encontré una casa enorme con un jardín amplio y unos ventanales que volverían loca (positivamente) a mi madre. Al entrar, no me decepcionó; una cocina amplísima, los niños tenían miles de juguetes en sus habitaciones; y mi dormitorio, en la planta de arriba, fue la guinda del pastel: cama doble, aseo propio, televisión, y vestidor (que también hace de trastero para los adornos de Navidad). En cuanto entré, hice de ella mi hogar, mi espacio, donde solo estoy yo.

Mi casa en Killarney.

Mi casa en Killarney.

Al día siguiente (domingo) comenzó la presión de la mamá (aquí la llamamos “hostmum”). “Intenta quedar con alguna Au pair para tomar un café esta tarde”, me decía mientras paseábamos (entiendan por paseo lo que yo entiendo en España por hacer deporte) por el “National Park”, al tiempo que los niños iban a misa con mi “hostdad” en la St Mary’s Cathedral.

St Mary's Cathedral, Killarney (Co. kerry); Lucie Jezová

St Mary’s Cathedral, Killarney (Co. kerry); Lucie Jezová

¿Por qué esa insistencia por que quedara con alguien mi primer día en Killarney? ¿Quieren tenerme fuera de casa el mayor tiempo posible? Evidentemente, esa tarde me la pasé en mi templo, sola. Lo bueno vendría al día siguiente.

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Un comentario en “Una periodista en Irlanda: Primeras sensaciones.

  1. Los comienzos siempre son duros, me alegro de saber que finalmente conseguiste tu objetivo social y que todo sigue mejorando.
    Es impresionante cambiar de país y pensar que estás en otro mundo. Es una experiencia realmente enriquecedora.

    Me gusta

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