España y la moral selectiva

En los últimos días, a algunos se les ha llenado la boca con la búsqueda del respeto a las víctimas de diversas tragedias y del humor sano. Pero, parece que en España siguen existiendo víctimas de primera, de segunda y, hasta, tercera

Llanos de la Rosa

Semanas intensas en el ámbito político español.  El 24M todavía colea (y se pronostica que seguirá haciéndolo durante el verano). Los pactos, desprestigios y tweets del pasado; son el tema principal de todos los informativos desde hace casi, ya, un mes. Y, entre tanta polémica tratando de encontrar lo más horrible de hace años de cada uno, para tratar de evitar un cambio –que algunos temen porque hace tambalear su estatus-, nos topamos con historias que mezclan lo más terrible de nuestro pasado reciente, y de nuestro presente.

Decía Rafael Hernando que “Algunos se han acordado de su padre cuando había subvenciones para encontrarlo”, y parecía apoyarle Pablo Casado con lo de que los rojos  “son unos carcas que están todo el día con la guerra del abuelo, la fosa de no sé quién”. Aunque claro, esto no es humor negro, porque en este país condenamos solo los crímenes que nos interesan…

Pero, vamos a dejar ahora el debate sobre los límites de la risa –del que también soy crítica cuando hiere a alguien-. Porque poca risa produce que una familia no tenga ni la capacidad siquiera de cerrar sus heridas para volver a reír. Quizá sea una carca, pero las tripas se me siguen revolviendo al comprobar la ausencia de condena que persiste contra el Franquismo, una de las épocas más negras de nuestra Historia. Qué gran Transición tuvimos…

Tan buena que, hoy, en el año 2015, 40 años después de la muerte del dictador, seguimos topándonos con historias como la de los Alcorisa. Esta familia solo pretendía encontrar a uno de los suyos, que fue arrestado –probablemente, también torturado- y asesinado por no desvelar el paradero de su hijo, un maqui. Los Alcorisa, se acogieron a la Ley de Memoria Histórica, promulgada durante el gobierno de Zapatero. Sin embargo, el ayuntamiento de Rita Barberá entorpeció el proceso hasta el punto que, ahora, la familia debe hacerse cargo de la exhumación y de los costes que ésta implique (unos 45.000 euros).

Con historias como ésta, comprendo que algunos tienen sensibilidad cuando les conviene. Porque, por desgracia, todavía hay muchos muertos en las cunetas. Por muy pesados que nos convierta hablar de ello, debemos recordar que nuestro país es el estado con más desaparecidos, tras Camboya. Y que continúa teniendo calles, plazas y monumentos dedicados a algunos de los propulsores de esas muertes.

Parece que no todos los muertos valen lo mismo. Lo comprobamos cuando nos dicen que está mal poner un tweet mofándose de una desgracia –de verdad que sí, que lo está-, pero  que no está mal que se siga negando el derecho de dejar descansar en paz a algunos muertos, y a sus familiares. Porque muchos de estos últimos ya  han fallecido o lo harán pronto sin haber sido capaces de quedarse tranquilos. Y todo, por haber pertenecido a un bando concreto en esta España con memoria y moral para lo que quiere…

Imagen destacada: elpais.com

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