11 años y un día después

Esto fue escrito hace un año pero no me atreví a publicarlo. El año pasado, por el décimo aniversario, las televisiones, radios y periódicos recordaron masivamente el día que era

Begoña Hernández

Gracias a todos. A mis monstruos y a todos los que me habéis felicitado.

¡10 años después sigo acordándome de aquel cumpleaños que no celebré! Espero que dentro de otros 10, con el paso del tiempo y el dolor atenuado,  no nos olvidemos de ese 11 de marzo de 2004.

Estación de Atocha

Estación de Atocha

7:30 de la mañana. Los hijos salen de casa, después de felicitarte, tú te sientas delante del televisor con el café recién hecho y las tostadas. Es el rato más tranquilo del día. Has quedado a las 8:30h con una compañera. Estáis colaborando en la organización de un acto benéfico. Mientras ves el telediario matutino; empiezan a suceder cosas raras, se van insertando teletipos con información preocupante pero es muy pronto y todavía no hay nada concreto.

Sales de casa sin saber el alcance real de la tragedia, la cifra de muertos va subiendo, hay mucha confusión. La información llega con cuentagotas.

Biblioteca Nacional

Biblioteca Nacional

Seguimos trabajando para el acto que se celebrará al final de semana. Sobre las 9:30, dado el alcance de la tragedia, llamamos a los invitados para anunciar la cancelación del mismo. Se celebraría finalmente dos meses más tarde. Sería casualidad, pero  las dos cumplíamos años ese día y no había nada que celebrar.

De vuelta a casa enciendo el televisor, me siento delante de él  sin valor para llamar a mi familia, todos en Madrid. Mis cuatro hermanos, sus parejas, nueve sobrinos –muchos de ellos estudiantes-mi  madre. Sabía que no eran sus líneas ni sus recorridos, pero también estaban las novias, los amigos… personas menos cercanas pero que podías conocer.

Universidad Complutense

Universidad Complutense

Lloraba sin poderme creer que aquello estaba sucediendo. El atentado se había perpetrado contra una serie de colectivos específicos; fueron trabajadores, funcionarios y estudiantes los grandes afectados de esta tragedia. Las 8 de la mañana es la hora de entrada en las obras, los institutos, los servicios públicos, los ministerios, la universidad. Toda esa gente era la que iba en esos trenes.

Me armé de valor para llamar a mi madre, porque ella es de las que dicen que “las malas noticias llegan pronto” y ya habían pasado muchas horas. Todos estaban bien, ¡alivio! Pero no pude despegarme del televisor en todo el día y los sucesivos. Escuche cómo los familiares hablaban de aquel chico que hubiera sido un gran músico o la mujer que despidió a su marido en la puerta y le esperaba de vuelta para celebrar un cumpleaños que, como yo, no celebró jamás.

Ministerio de Industria

Ministerio de Industria

Días después hablé con mis hermanas, se habían acordado pero no tenían fuerza para hacer esa llamada, no había nada que decir. A su alrededor había muerte, personas con cara y con nombre, gente a las que saludaba cada mañana. Los pasillos, los despachos, los institutos, las universidades, eran lugares llenos de personas  llorando y personas consolando.

Han pasado 10 años y todavía se me nublan los ojos cuando pienso en el maldito y negro 11-M. No lo he entendido, tampoco busco hacerlo, jamás lo entenderé. No entiendo el fanatismo, no entiendo la venganza y, sobre todo, no entiendo el porqué.

Ésto, ¡nunca mas!

Ésto, ¡nunca mas!

 Todas las fotos se han obtenido de las páginas web que figuran en el título.

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