Trenes descarriados

Alberto Fernández Armero se rodea de grandes actores para regresar a la gran pantalla, tras ocho años de parón. Pero el buen reparto necesita de una buena historia…

Llanos de la Rosa

 

Ficha técnica

Director: Alberto Fernández Armero

Intérpretes: Inma Cuesta, Raúl Arévalo, Candela Peña, Alberto San Jua, Irene Escolar, Alicia Rubio

Año: 2015

Nacionalidad: Española


 

Hacer reír es, seguramente,  una de las cosas más complicadas. Para un cineasta, debe resultar una tarea mucho más ardua. Lo es porque debe intentar contentar al mayor número de público posible, con sus diferentes mentalidades y formas de ver el mundo. Pero también porque necesita genialidades no explotadas anteriormente, si no quiere que los espectadores salgan pensando que la entrada les ha salido –más- cara. Alberto Fernández Armero lo intenta con ‘Las ovejas no pierden el tren’, aunque se queda en eso, un intento.

En su lucha, el director y guionista, cuenta con la ayuda de un reparto de peso. Inma Cuesta, quizá una de las actrices mejor valoradas del panorama español. Raúl Arévalo, a quien continúan lloviéndole geniales críticas por su papel en ‘La isla mínima’. Alberto San Juan, que ha madurado, interpretativamente hablando, a la perfección. Y, Candela Peña, quien tiene acostumbrado al público a disfrutar de sus increíbles actuaciones, aún siendo casi siempre secundaria. Pero ni este arsenal consigue hacer de la idea de Fernández Armero una genialidad. La historia no existe. No encontramos una trama que seguir, tanto es así, que al salir de la sala y reflexionar sobre el fin último de la cinta, uno se da cuenta de que no hay una finalidad. Ni siquiera es que intente la risa fácil. La película no deja de ser una unión de ideas inconexas y sin sentido, y no, no hablamos de humor absurdo, ni siquiera. Incluso, cuando todavía quedan minutos de película, uno casi se prepara para ponerse el abrigo y salir del cine, no por aburrimiento –que también un poco- si no por creer que ya ha terminado, que todo está resuelto. Y, créanme, no fui la única en esa sala a la que le pasó. ¡Pero no! Entonces surge un nuevo problema que, a duras penas, está en sintonía con el anterior. Claro, que la película podría haber sido más tediosa si no fuera, sobre todo, por Arévalo y su interpretación de un escritor bonachón, que necesita reencontrarse. O la de Candela Peña, empresaria de éxito que no da pie con bola en el amor. Ni siquiera Inma Cuesta sobresale esta vez.

Una película que, podría valer en una tarde de domingo… pero desde el sofá y no habiéndose tomado todas las molestias –y gastos- que implica ir al cine. He ahí el consejo de esta que escribe.

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