Ocasiones en las que dices: “Tierra, trágame”

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El otro día fui a comprar el pan a un supermercado bastante conocido, no diré el nombre por razones obvias. Bueno, el caso es que, estando en la cola, había una señora muy maquillada y bien arregladita de unos 50/60 años. De estas señoras que se visten como chicas de 20, una auténtica viejoven. La mujer le estaba diciendo algo al cajero, a lo que yo me puse a prestarle atención, pues no tenía nada mejor que hacer mientras esperaba mi turno.

Sonia Caballero

Aramis Fuster, ejemplo de persona viejoven / http://www.dailymail.co.uk

-Es que el otro día me dieron una moneda de dos euros que era china, y, claro, luego soy yo la que pierdo los dos euros… -le contaba al muchacho mientras miraba una a una las monedas que le había devuelto. El pobre tenía cara de circunstancias.

Mientras tanto, y como parecía que lo de la señora iba para rato, el chico me pasó la barra de pan y me cobró. En ese momento la mujer terminó de meter sus cosas en la bolsa y echó mano a mi pan. Yo, que la vi de reojo, le dije:

-Señora, ese es mi pan.

La buena mujer enseguida soltó la barra y me pidió disculpas. Yo le sonreí educadamente y añadí para quitar hierro al asunto:

-Que si no me quedo hoy sin pan.

Ella se fue y yo eché a andar inmediatamente detrás. Y justo antes de salir del supermercado, la señora se giró, me agarró suavemente del brazo y sonriendo -yo pensaba que me iba a preguntar la hora o volver a pedirme disculpas por lo del pan, pero nada más lejos de la realidad-, dijo:

-Chiquita, ¿puedes decirme si se me nota mucho que me he hecho pis encima?

Mi reacción interna / http://www.frabz.com

¿Pis? ¿Y me lo preguntas así, como si fuera lo más normal del mundo? ¿Pero qué le pasa a la gente?

Entonces se dio la vuelta y me señaló su trasero. Llevaba unos vaqueros oscuros y sí, sí se le notaba que se había “hecho pis encima”. Pero claro, yo en ese momento estaba que no sabía que hacer ni qué decir. Porque la señora no me lo preguntó en voz baja y apurada, sino con un tono perfectamente audible para la gente que nos rodeaba y como si mearse encima fuese muy normal. Así que, intentando sonreír y cambiar mi gesto de estar alucinando, le dije:

-No, no se le nota mucho -y la señora se fue, sin darme las gracias, ni nada. Creo que me quedé parada un segundo intentando procesar lo que había ocurrido. Después salí del Hiperber -mierda, se me ha escapado-, y cogí el camino a mi casa, no sin antes mirar hacia atrás, cual persona víctima de una cámara oculta. Pero allí nadie me dijo: “Mira, allí hay una cámara y esto es una broma”.

En fin, cosas que le pasan a una…

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